“Callejero”
Dedicado a Alberto Cortés
Siempre me gustó sentarme en los bancos de las plazas en mis horas de descanso.
Lo hago desde mi infancia, en que pasaba largo rato dándole de comer a las palomas.
En mi juventud ya no me interesaban las palomas, iba para mirar muchachas y decirles
piropos , jugando al seductor en pos de alguna nueva conquista.
Fue en uno de estos bancos donde besé a mi primer amor, y años mas tarde convertida
en mi esposa , mirábamos a los jóvenes que intentaban conquistar a las chicas tal como
yo lo hice a su edad.
De eso, ha pasado mucho tiempo; hoy estoy con ochenta años, y vengo a menudo a
darles comida alas palomas como cuando era niño.
Hasta hace seis años venía con mi esposa, pero enviudé y ahora la compañía que traigo
es mi radio , para escuchar un programa musical que me gusta , porque pasan canciones
de esas que dejan un mensaje y te hacen reflexionar.
Hoy no sé que me pasó, pero me quedé dormido; tal vez fue el precioso sol de la
tarde, la brisa otoñal , o simplemente por el cansancio natural de mis años.
De repente, me desperté sobresaltado al sentir algo húmedo que tocaba mis manos. Al
abrir los ojos comprobé que había sido el hocico de un perro , que a juzgar por su
aspecto, era un perro callejero.
Me miraba fijamente a los ojos, y sin entender como, a través de su mirada, me fue
trasmitiendo esta historia :
- ¡ Hola ! Soy un perro callejero , mi nombre no importa pues no lo tengo , llámame
como mas te guste. Nací en la calle y en ella he vivido. No tengo raza definida, y como
ves , tengo orejas chicas , y una cicatriz en la cabeza que casi llega hasta mi cuello.
Tengo pelaje manchado de color blanco, marrón y amarillo.
Me faltan algunos dientes y la cola mocha. Me gusta ladrarle a los autos que
pasan , y corro tras ellos cuando pasan ; también les ladro a los que van en bicicleta , y
en muchos apuros los he puesto.
Cuando veo a alguien que me simpatiza como tú , meneo rápidamente mi pedazo de
cola como diciéndole : - ¡ Hola que tal !, soy un perro callejero y quiero hacerte
compañía .
Lástima que muchos no me comprendan y pasan de largo por mi indiferentemente.
Si me entendieran , tal vez le serviría para sonreír un poco y despreocuparse de ciertas
cargas que algunos llevan sobre sus hombros.
Soy el terror de las amas de casa; cuando llego a los tachos de basura los vuelco y
rompo las bolsas que hay en su interior en procura de alimentos dejando desparramado
por el piso su contenido. Entonces ellas armadas con su escoba salen tras de mi , y...
¡ Patitas para que las tengo ! Salgo disparando como un bólido y ellas quedan
mascullando palabras que de feas , ni te las cuento.
Mientras recogen nuevamente la basura y arreglan el tacho, yo les ladro a una distancia
que no me puedan alcanzar.
Duermo donde me agarra la noche, a veces en plazas como estas, otras en la
escalinata de alguna iglesia , o haciéndole compañía a algún vagabundo.
He dormido en casas abandonadas, y alguna que otra vez en la de personas que me han
querido adoptar ; pero al cabo de unos días termino abandonándolos , pues esa vida no
me gusta porque me impide vivir como a mi realmente me gusta.
Estando en la calle he visto muchos perros de raza, y me han causado risa ; algunos van
en los autos de sus dueños , y cuando pasan por mi lado me miran con desprecio.
Ellos van bien bañados con los mejores jabones y champúes contra pulgas y garrapatas ,
están vacunados contra las enfermedades , y hay que ver la cara de orgullo que ponen
cuando me observan .
Otros pasean con sus amos, y cuando se quieren acercar a mi, sus dueños le dicen :
- ¡ven acá; no te le acerques !, ¿ no ves que es un perro callejero ? ¡ Mira en el
estado que se encuentra , da asco !
Hay veces que me aproximo a ellos para olfatear su buen perfume, pero al instante
me rechazan diciéndome cosas como : - ¡ Apártate pulgoso !, ¿ no te das cuenta que
soy un perro de raza y que juntos no podemos caminar ?
Pero yo no me quedo callado ni me siento disminuido, y les contesto:
- ¡ Pobrecito ! ¡ pobrecitos todos los perros de los ricos que se creen superiores ,
y no se dan cuenta que se pasan la vida dependiendo de alguien ! Viven pegados a las
faldas de sus dueñas , por eso , el día que ellas mueran ustedes también se morirán , ya
que no saben vivir solos ni tienen la menor idea de lo que significa la palabra
“auto dependencia “, son dignos de lástima y les tengo compasión porque no pueden
ir de aventura en aventura como lo hago yo . No pueden vagar por la ciudad,
descubrir nuevos lugares para descansar , ni nuevos tachos de basura para hurgar .
Soy como el viento, libre y sin prejuicios; voy de un lado a otro sin tener que rendirle
cuentas a nadie de mi peregrinar .
Quien me brinda cariño, de mi también lo recibe, y quien meda una patada, yo le
doy un mordisco. No soy rencoroso; algunos me han pateado, pero cuando me
acarician , les perdono olvidando su maltrato porque me derrito ante la dulzura de una
caricia del ser humano .
Correspondo con cariño y muestras de alegría a quien por mi se interesa. Pocas veces
me enfermo , y eso contrasta con la salud de los perros ricos que viven de veterinario
en veterinario donde sus dueños gastan fortunas sólo en medicamentos .
En mis comidas también soy diferente a ellos; mientras que yo como de la basura,
los perros finos comen buena cantidad de carne , que quisieran muchos humanos
ponerla en sus ollas , y nunca les falta las caras raciones balanceadas .
No niego que tengo encima algunas pulgas, a veces me molestan mucho y me rasco
desesperadamente , pero creo que si me bañasen con los productos que bañan a los
perros finos , y quisieran cambiar mi forma de vida , seguramente moriría .
Estoy muy feliz siendo un perro callejero ¿ por qué estarlo si puedo llegar a ser un
perro bien cuidado ? Esa podría ser tu pregunta al pensar que deseas mi bienestar.
Te respondería de la siguiente manera: lo prefiero así, porque ando libremente por los
cantegriles y por debajo de los puentes donde vive el “viejo Pablo” a quien a menudo
voy a acompañarlo para que no se sienta tan solo.
Soy el único que me acerco para lamer sus llagas y no siento asco por ellas. Cuando el
piensa que está solo en el mundo , ahí estoy yo a su lado oyendo sus lamentos y
quejidos , ofreciéndole mi compañía para mitigar sus penas .
Sólo yo entiendo su sufrimiento, porque soy un callejero dado al sufrir y al dolor.
No quiero que cambien mi vida; ¡ déjenme así ! sin dueño , sin comidas caras ,sin
vacunas ni pulguicidas .
No quiero ser la mascota de un amo con lujoso coche con aire acondicionado, porque
no lo necesito . Para mi el mejor aire es el de la sombra de los árboles que refrescan mi
cansancio en el verano , y el mejor calor es el del fuego que encienden con cartones los
mendicantes en los arrabales para paliar el duro invierno .
No me ofrezcan una vida mejor, porque no la quiero, déjenme seguir acompañando a
los niños de pies descalzos que vagan por las calles de la ciudad mendigando un trozo
de pan o alguna moneda .
A veces juego con ello , o me siento a su lado cuando descansan . Miro sus caritas
sucias, y les digo :
- No importa si su padre los abandonó , si su madre “hace la calle”, o si son
huérfanos ; yo estoy aquí para protegerlos . Aunque la gente los rechace, no los
valoren ni comprendan ,¡ yo sí los quiero !
Tengo tantas cosas en común con esos niños, que me siento como uno de ellos .
¡Cómo para no...! , ¡Si tantas veces hemos comido del mismo tacho de basura !
Me siento realizado en ser un perro callejero, porque soy el consuelo y la alegría de
éstos desheredados de la sociedad .
Por eso te pido anciano, que no intentes llevarme a tu casa , ¡ déjame seguir siendo
un perro callejero !
Habiéndome dicho esto, meneó su trozo de cola con rapidez, y se marchó.
No sé que tiempo transcurrió desde que ese perro comenzó a” hablarme” con su
mirada y yo a escucharlo con mi corazón ; eso tal vez no interesa ; lo importante fue la
lección que me dio sobre auto dependencia y libertad. Creo que en lo que me queda
por vivir no podré olvidarme jamás de este personaje de las calles de mi ciudad.
Quedé algunos minutos reflexionando sobre sus enseñanzas, y luego comencé el
retorno a mi casa.
Habré caminado unos quince metros , cuando advertí que me había olvidado de mi
Radio sobre el banco. Regresé para tomarla , y cuando me acerqué , no podía creer lo
que estaba escuchando: el locutor estaba anunciando la canción de Alberto Cortez
“callejero” que cuenta la historia de un perro con muy similares características al que
yo había visto y “escuchado” minutos atrás .
Yo conocía esta canción, pero hacía mucho tiempo que no la escuchaba, así que
volví a sentarme y empecé a oírla con mucha atención.
Antes de que terminase la canción, habían rodado por mis mejillas algunas lágrimas
producto de la emoción y el desconcierto , al comparar que el “viejo Pablo” de la
canción era prácticamente el mismo mencionado por mi visitante minutos atrás, y
conmigo, que también me llamo Pablo, soy viejo y me encuentro solo.
Ahora... ya no sé que pensar: si todo esto lo soñé, fue mi imaginación, una simple
coincidencia, casualidad o causalidad ; o tal vez debo pensar que son ...
Cosas de un viejo de ochenta años.
FIN
Me impresionó mucho la narrativa de Orga porque presenta en esta fábula con un lenguaje sencillo, una lección para esta sociedead materialista, en donde "quien mas tiene mas vale".
Exelente reflección